Ya que nuestro nuevo rumbo iba a ser Cafayate decidimos hacer una ruta que nos haría conocer gran parte de los Valles Calchaquíes, paramos en un pueblo llamado Chicoana, un pueblo muy pintoresco dedicado en gran parte a la plantación de tabaco, recorrimos un poco el pueblo, pasando por una secadora y seleccionadora de tabaco que Miguel con gran amabilidad nos hizo conocer.
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Y en una de nuestras perdidas por el pueblo paramos a un hombre que iba caminando y le preguntamos por un camping, empezamos a hablar y en cuestión de unos minutos ya nos había encontrado un lugar para dormir, nuestro nuevo amigo, Tono, resultó ser un músico y una persona dispuesta ayudar.Dormimos en la casa de la tradición, bajo un gran techo de zinc.
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Al otro día salimos para Cachi y tomamos una ruta y en pocos kms ya estábamos siendo parte de los hermosos valles, una ruta que en cada curva se descubren montañas impresionantemente bellas, fuimos parando cada 5 minutos a contemplar esa maravilla, hasta llegar a lo mas alto 3350 mts ya con nuestra Duna Móvil apunada y tosiendo paramos, hablamos con un ciclista que se iba a Cuzco nos sacamos unas fotos y emprendimos el descenso pasando de estar en medio de las nubes y con mucho a frío a estar en un desierto árido y caluroso. .jpg)
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Llegamos a Cachi con la necesidad de pegarnos una ducha así que fuimos a un camping muy bonito nos bañamos y salimos a recorrer un poco el pueblo. Cachi es un pueblo incrustado en la montaña , muy turístico y bello, donde se sigue construyendo con adobe, como hace cientos de años y a su vez encontrás ranchitos precarios con terribles antenas de Direct tv, es algo muy raro que no estaba acostumbrado a ver..
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Salimos de Cachi por la famosa Ruta 40, lo mismo que tiene de famosa lo tiene de serrucho, se nos terminaron de aflojar los tornillos que ya teníamos flojos, pasando por lugares casi inhóspitos, luego por la Quebrada de las Flechas (hermoso lugar) y en un par de horas más ya estábamos en Cafayate y como en casi todas las ciudades que visitamos, fuimos a parar a la plaza. Ahí conocimos a Damián un artesano que hace como dos años que viene viajando y nos contó sus historias, aventuras, anécdotas, aprendizajes, hace un año que conoció a su compañera Martina, y viajan juntos.
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Al otro día nos levantamos y nos fuimos a la orilla de un río (seco) donde nos hicimos una rica comidita y luego a esperar que llegara mi familia. En eso llega una chica en bici y nos pregunta si ahí se podía acampar, nos pusimos a charlar, a tomar unos mates. Ella es de Nueva York, vino a la Argentina y en Bolivia se cruzó con unos colombianos que vienen viajando desde Colombia en bici y ella ya se prendió en la aventura, la verdad fue muy lindo conocerlos, tanto a ella como a los colombianos (que los conocimos por la noche)
Luego de varias horas de espera al fin llegaron! Mi mamá Gladys, mi hermana Soledad con su novio Mario, y mis sobrinos Facu y More. La verdad que verlos después de 6 meses fue muy emocionante. Nos quedamos charlando en la plaza y se hizo muy tarde y fuimos a buscar un lugar para dormir.
Al otro día a la mañana, tomamos unos mates, charla de por medio y salimos rumbo a Salta.
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Hicimos la ruta 68 pasando por lugares increíbles, uno de esos lugares fue el Anfiteatro, es un lugar que a la naturaleza le llevó 90 millones de años formarlo, donde el agua y el viento fueron erosionando la piedra formando un anfiteatro con una acústica increíble. Al entrar ya empecé a sentir que mi corazón latía diferente, me senté y con la música de fondo de un músico que tocaba la guitarra y la quena me dejé llevar por los sentimientos que iban naciendo dentro mío, fue como sincronizarse con la naturaleza, una afinación, un acercamiento, una armonía que me llevó hasta las lagrimas y Noelia sentada a mi lado pero mirando para otro lado tiene que haber sentido algo parecido porque a ella también se le caían algunas lagrimas fue sin duda, un pedacito del mundo que nos llenó el alma. A pocos metros de ahí otra obra maestra de la naturaleza, La Garganta del Diablo, otra vez fluyen los sentimientos. Lo primero que sentimos fue miedo, miedo porque en ese lugar es como que perdieras el poder, dejas de tener el control, te das cuenta que ante tanta inmensidad no sos nada te sentís pequeño, después de un rato ya empezás a sentir paz y unas ganas de agradecer a la naturaleza semejante regalo y agradecerle también que nos de la posibilidad de conocerlo. Nos fuimos retirando y a cada paso mirando hacia la garganta agradeciéndole por tanta belleza .jpg)
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Después de todo lo vivido salimos rumbo a Salta, al llegar a la ciudad buscamos un camping empezamos a armar campamento, cada uno armó su carpa (hasta Facundo y Morena tenían su pequeña pero pintoresca carpa) tomamos unos mates (para variar) y nos invitaron a ir a una peña folklórica. Fuimos todos a cenar, y la verdad pasamos una noche muy linda, entre vinitos, empanadas, baile y seres queridos. Hasta hicieron que se entere todo el público presente de nuestro viaje, en verdad pasamos muy bien.
Dormir esa noche después del vinito, no fue nada complicado.
Al otro día subimos a un cerro y cansados volvimos al camping donde llegó el momento triste de la despedida. Pero bueno, como dice Benedetti, estoy empezando a comprender mejor las bienvenidas que los adioses. Quedándome en el corazón el recuerdo de la bienvenida, del reencuentro y no de las despedidas.

Y por supuesto, más que agradecidos con la Sole y Mario por haberle dado a mi mamá la oportunidad de venir a Salta a saludarnos.
También queriamos agradecerles a todos los que nos han dejado comentarios, ya que nos incentivan a seguir soñando, y no nos queremos olvidar del Dani y la Sole que nos dieron una mano con el tema del seguro.